Cuñados, 'cuñaos'... y el día de su boda
11-07-2008
¿Qué pasa el día de la boda?... Por Bukanan
Eduardo Fuentes.
Después de este recorrido estudiando la figura de los cuñados te puede pasar lo que el 19 de abril de este mismo año me ocurrió, y que puede ser lo peor o lo mejor que le puede pasar a uno que escribe estas chorradas: que se case tu hermana.
Porque el simpático cuñado o cuñao de antes, el que se desvivía por tu hermana, el que te hacía la pelota para entrar con buen pie en la familia, el que te decía que tu madre es encantadora, ya se le ve más altivo, más crecido, y lo peor de todo es que se cree con más derechos y piensa que la aceptación en el clan le va a salir gratis.
Claro que antes se le llamaba cuñado o cuñao sin serlo y ahora lo es legalmente.
¿Qué hacer en estos casos? Ante todo no perder la calma ni dejarse llevar por las emociones. Después hay que hacer memoria y recordar si antes de la boda era cuñado o cuñao. Si era cuñado, nada de abrazotes fuertes ni palmaditas vehementes como si fuera un ex compañero de la mili, más bien un tratamiento cordial pero guardando las distancias como diciéndole… ‘vale macho, pero ahora te lo tienes que ganar a pulso’. Si era cuñao, el abrazo puede ser más cordial, pero hay que lanzar una mirada que le diga… ‘no solo vale llegar, hay que mantenerse’.
Él, tanto si es cuñado como cuñao, lo entenderá perfectamente, porque prefiere tu bendición incluso más que la del propio cura que les acaba de casar.
Aunque en un día así nuestro nuevo cuñado se ve muy reforzado, sobretodo si hay algún cartelito del enlace (de esos horteras como la invitación con número de una cuenta corriente, el del menú en las mesas o, lo peor, botellas etiquetadas con los nombres de ellos y un anagrama en forma de dos anillos entrecruzados...), en el que pone su apellido delante del nuestro (eso jode).
En cualquier caso, las bodas son buenas, porque, si no lo tenías catalogado o bien tenías alguna duda, es muy fácil ubicarlo en un evento de este tipo. Es nuestro momento de la verdad: ya es tu cuñado porque lo dice la ley y a veces Dios, y sólo queda saber si se le quita o no la “d”.
Durante la ceremonia es difícil catalogarlo, porque el comportamiento suele ser más o menos normal. Salvo si llora de emoción, porque si es así ya se nos va allanando el camino.
Luego, cuando el campo se amplía es todo mucho más sencillo. Normalmente suele ser peligroso que enseñe mucho el reloj de pedida a sus allegados (ya es peligroso tener un reloj de pedida, pero es mucho peor enseñarlo -sin comentarios si ya es un Rolex). Hay también que ser observadores y fijarse si tiene muchos familiares aficionados a las cámaras de video y/o a las de fotos, así como si estos se ponen más o menos colorados a medida que corre el vino.
Con toda esta suerte de observaciones, y otras muchas, y si ves que no se van cumpliendo, puedes estar un poco más tranquilo, pero no te relajes, porque después del viaje de novios te pueden llamar para que vayas a su casa a ver el vídeo del viaje y habría que volver a empezar.
A mi cuñao Enrique.